La noche caía en el
puerto, la niebla se podía cortar con un cuchillo de lo densa que
era y solo se escuchaba el sonido de un gato maullando en la lejanía.
Era el 5 de febrero de 1827, ese día que Argos llevaba esperando
durante meses, por fin podría ver a la mujer que amaba en silencio
sin que nadie supiera de sus sentimientos hacia ella, era un tabú,
algo que no podía pasar, nunca podían unirse miembros de las dos
especies. Las luces de los candiles de la cubierta del barco ya se
veían en la lejanía, el sudor empezó a caer por su frente, su
cuerpo se tensionaba por momentos ya quedaba poco para poder verla,
por fin estaría cerca de Kira.
Argos era un licántropo
que tenia como misión proteger a los descendientes de la familia
Rocher, así como lo habían echo todos los miembros de su familia
antes que él y Kira era la tercera hija del conde Arthur Rocher,
actual regente de tan noble estirpe; ellos se conocían desde niños
y cosas del destino ahora se iba a convertir en su protector, aquel
que debía velar por ella a todo costa, algo que no era necesario que
su padre le hubiese ordenado ya que Argos llevaba años amándola en
silencio, guardando dentro de sí esos sentimientos que cada vez le
costaba más disimular.
Por fin el barco atracó
en el puerto, pasaron unos minutos que parecían eternos y por fin se
vio movimiento en cubierta, era uno de los marineros que estaba
preparando la pasarela para que bajasen los viajeros del barco, poco
a poco descendía la gente y ella no bajaba, ¿donde estaba por que
no salia?, Argos se acercó a la nave para poder ver mejor la
cubierta y por fin pudo observarla al fondo acompañada de Celeste su
fiel sirvienta.
- Hola mi señora (Dijo
Argos, mientras hacia una reverencia).
- Ya te he dicho muchas
veces que me llames Kira, nos conocemos de toda la vida y ya sabes
que me molesta que me hables con tanto respeto.
- Ya no somos niños y he
de saber cual es mi lugar.
- Tu lugar es junto a mí
Argos, yo he sido la que le he pedido a mi padre que tú fueras mi
guardián, ya sabes que solo en ti confío.
- Ya sabes que siempre a
sido mi deseo poder estar a tu lado, yo nunca te fallaré.
- Pues como mi primera
orden, tienes que tratarme como siempre lo has hecho y para empezar
debes llamarme Kira.
- Así será (Respondió
Argos, con una sonrisa en su rostro).
El carro esperaba a pocos
metros, Argos recogió el equipaje y emprendieron el camino que les
llevaría al que sería su hogar desde ese momento, el camino hasta
la mansión era de unos 4 kilómetros y tenían que atravesar el
bosque conocido como, el bosque de las estrellas, se le conocía por
ese nombre por las miles de luciérnagas que alumbraban toda la zona,
pero era un lugar peligroso, estaba habitado por el clan de los sin
nombre, un grupo de hombres lobo que se habían separado del resto y
que eran conocidos por su gran odio a los vampiros, había que ir
preparado para lo que pudiera pasar.
La noche cada vez era mas
cerrada y el estrecho camino atravesaba el frondoso bosque, los
caballos iban al galope, había que dejar rápido esa zona, la noche
era peligrosa, ya habían desaparecido varios nobles por esos lugares
en los últimos meses.
- ¿Cuanto queda para
llegar? (Dijo Kira).
- Ya casi estamos
(Respondió Argos).
Un sonido hizo que
cambiara la expresión del rostro de Argos, era algo que él conocía
muy bien, ellos estaban cerca, asomó la cabeza por la pequeña
ventana que había en el lateral del carruaje y pudo ver varias
sombras que les seguían entre la espesura, pero solo les observaban,
les seguían sin dar muestras de hostilidad, poco a poco las sombras
se fueron alejando y ellos por fin iban llegando a la zona iluminada,
el peligro había pasado por esta vez.
Por fin llegaran a su
destino, la mansión era una propiedad que recién había adquirido
el conde para su hija y tenía un extenso terreno que la rodeaba, el
camino hasta la entrada estaba plagado de arboles frutales y hermosos
jardines, todo preparado para que Kira se sintiera cómoda al
alejarse por primera vez de su familia, el carruaje por fin se
detuvo, lentamente descendieron y entraron a la mansión.
- Ha sido un viaje largo,
estoy muy cansada me gustaría retirarme ya a mi dormitorio. (Dijo
Kira)
- Lo comprendo, ya tienes
tu cuarto preparado, enseguida te subo tus pertenencias y yo también
me retirare a descansar.
El primer día por fin
había terminado y nada malo pasó, Argos podía estar tranquilo, su
señora estaba a salvo, pronto tendría que explicarle la situación
de la comarca de la que se iba a hacer cargo la joven, pero eso ya
sería otro día, ahora solo tenia que descansar y velar por sus
sueños.
Publicación original de: Andres Lopez


Ay que padre Andy,me encanta...¡Esperaremos la siguiente parte..!!! ¡Muchas felicidades..!!!
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